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Marxismo y Derecho
— Nikolái Aleksandr Weinbinder —

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os abogados marxistas son bichos raros casi en extinción y aunque un dirigente revolucionario de la talla de Lenin hubiera sido abogado, lo cierto es que la amplitud de sus saberes logró que resultase imperceptible dicha formación específica en sus escritos. También el propio Marx comenzó sus estudios en el campo del derecho antes de pasar a la filosofía y economia.

A diferencia de abogados socialdemocratas el ejercicio de la abogacía por parte de marxistas no tiene aspiraciones reformistas de mejorar la sociedad existente mediante transformaciones sociales en el marco de las instituciones burguesas. La perspectiva desde la cual se enfoca la praxis tiene por objetivo establecer por vía revolucionaria una nueva sociedad sin clases sociales. Y con motivo de esto se interviene en conflictos obreros y en la defensa de presos politicos bajo una óptica transicional en donde cada espacio de debate es convertido en tribuna de agitación revolucionaria que ayuda a la formación de cuadros y a combatir el quietismo del izquierdismo infantil contemplativo.

Los marxistas clásicos han dejado en sus obras pasajes dispersos respecto a la cuestión del derecho, pero hay un puñado de autores que complejizaron el abordaje durante la consolidación del primer estado obrero surgido de la revolución rusa. El autor maldito por excelencia fue E. B. Pashukanis, cuya obra fue relegada al olvido luego de haber sido denostado con intrigas de ser espía y saboteador. Este notable teórico del derecho tenía en miras la progresiva extinción del derecho y se enfrento a otro jurista de su época llamado Vyshinski, quien lo reemplazo en sus cargos y propicio su fusilamiento durante el estalinismo.

El jurista soviético Pashukanis fue uno de los pioneros en la construcción marxista de una teoría general del derecho. Consideraba la superestructura jurídica como un fenómeno objetivo que no se puede analizar como si fuera solamente ideología. Por lo cual se delimitaba de las teorías psicológicas y sociológicas diciendo que éstas hacen interpretaciones aplicando conceptos extrajurídicos que no toman en cuenta la forma jurídica como tal. De manera que cuando se avocan a analizar los conceptos propiamente jurídicos lo hacen simplemente para presentarlos como ficciones, fantasmas ideológicos, proyecciones, etc.

La importancia de tomar en cuenta la forma jurídica como tal posibilita visualizar las determinaciones y nexos que de otra forma pasarían inadvertidos. Construir una teoría general del derecho materialista y marxista tiene la complejidad de ir más allá de solo considerar al derecho como un fenómeno social con el agregado del elemento de la lucha de clases. Hay que revelar el contenido de clase en las formas jurídicas al mismo tiempo que se explica por qué adquiere esa forma.

Para empezar a adentrarnos en una concepción marxista del derecho debemos primeramente atrevernos a esbozar una definición de qué es el derecho sin caer en una fórmula estática y antidialéctica ni tampoco que sea pretendidamente aplicable en forma universal a todas las épocas. Lo que nos propone Pashukanis es evitar la sabiduría escolástica y entender el derecho como una relación social, y más precisamente como una forma mistificada de una relación social específica para poder luego abarcar su efectivo movimiento e ir descifrando sus nexos internos.

Además de criticar la democracia formal y desenmascarar los falsos pilares de libertad e igualdad, es necesario hacer una crítica marxista de ese sistema de relaciones y de los conceptos jurídicos fundamentales que constituyen las teorías generales del derecho analizando la superestructura jurídica como fenómeno objetivo vinculado con el nacimiento y consolidación de las garantías de la propiedad privada, buscando la génesis de la forma jurídica en las relaciones de cambio.

El derecho en tanto que forma no existe solamente en el cerebro y en las teorías de los juristas. Tiene una historia real, paralela, que no se desarrolla como un sistema de conceptos sino como un sistema específico de relaciones que los hombres contraen, no mediante una elección consciente sino bajo el constreñimiento de las condiciones de producción.Pashukanis

Su teoría está anclada en una concepción materialista que vislumbra determinaciones históricas de la formas jurídicas producto del nexo indisoluble con la economía, lo que lo lleva a establecer lazos entre las formas del derecho y las de la mercancía. La conclusion que deriva de esto es que la doble naturaleza del derecho en tipo objetivo y subjetivo tendría una significación igual de importante a la que tiene el desdoblamiento de la mercancía en valor de cambio y valor de uso.

La tesis fundamental es establecer una relación entre el sujeto de las teorías jurídicas y el poseedor de mercancías visualizando los determinismos económicos históricos por los cuales la explotación asume la forma de “libre contrato”. En oposición a los sistemas idealistas de la filosofía del derecho que postulan como fundamento de su concepción la capacidad de autodeterminación de los sujetos en el contexto de una sociedad capitalista con ficticios principios de igualdad, libertad y autonomía de la voluntad.

La teoría marxista debe, no solamente analizar el contenido material de la reglamentación jurídica en las diferentes épocas históricas, sino que debe dar, además, una explicación materialista a la misma reglamentación jurídica en cuanto forma históricamente determinada.Pashukanis

Los conceptos jurídicos fundamentales más abstractos no son construcciones conceptuales arbitrarias sino que hunden sus raíces en la economía. Detrás de las abstracciones de norma jurídica, relación jurídica y sujeto jurídico se ocultan relaciones sociales de producción que constituyen la base real sobre la que se edifican las formas jurídicas. La reglamentación jurídica es una forma históricamente determinada por las relaciones sociales de cada período histórico en el marco de la lucha de clases.

El nacimiento y consolidación de la propiedad privada dio pie a un proceso de juridización de las relaciones humanas y la forma del derecho se desarrollo como un sistema específico de relaciones. Pashukanis ejemplifica desde el plano del derecho penal como se manifiesta el nexo interno entre forma juridica y mercancia a la hora de la cuantificación de las penas.

Mientras que la forma de mercancía y la forma jurídica que deriva de la misma continúen imprimiendo su sello en la sociedad, la idea, absurda en el fondo, es decir, desde el punto de vista no jurídico, de que la gravedad de cada delito puede ser pesada y expresada en meses o en años de encarcelamiento, conservará en la práctica judicial su fuerza y su significación reales.Pashukanis

La concepción burguesa de que la pena sea medida en tiempo es algo propiamente capitalista y guarda una estrecha relación con el hecho de que en la sociedad capitalista el trabajo sea medido en tiempo. Es decir, hay un vínculo con las relaciones materiales que hace que la forma de cuantificación del castigo sea el reflejo de la lógica estructural del sistema mistificada en la práctica judicial con principios de equivalencia.

Para que la idea de la posibilidad de reparar el delito por un quantum de libertad abstractamente predeterminado haya podido nacer, ha sido necesario que todas las formas concretas de la riqueza social hayan sido reducidas a la forma más abstracta y más simple, al trabajo humano medido en tiempo. Tenemos aquí indudablemente un ejemplo que confirma la interconexión entre los diferentes aspectos de la cultura.Pashukanis

Pashukanis sostenía que la desaparición de las categorías del derecho burgués no significarán su reemplazo por un derecho proletario sino la gradual extinción del derecho en general. Y que durante la transición hacia una sociedad comunista sin clases sociales las relaciones humanas continúan por un tiempo encerradas dentro del “estrecho horizonte del derecho burgués” como estigmas de la vieja sociedad. Del mismo modo que subsiste temporalmente el Estado sin burguesía.

Pese a la originalidad de su teoría la línea de pensamiento de este autor, junto a Stucka y otros juristas sovieticos de aquella época, permanece en las sombras de la marginalidad. En las instituciones educativas y la academia, los enfoques marxistas del derecho han sido barridos de la currícula mediante planes de estudio y cátedras mayoritariamente reaccionarias, operando una reproducción ideológica y construcción del sentido común coincidente con la cosmovisión burguesa. De tal modo que se enseña a los estudiantes que la propiedad privada es un derecho humano y se niega que sea forma de propiedad que solo puede existir a condición de que la inmensa mayoría de las personas sea privada de ella.

Las referencias al marxismo en los planes de estudio de abogacía son episódicas o directamente inhallables con ocasionales críticas al economicismo o visión negativa del derecho como instrumento superestructural de dominación. Al mismo tiempo se naturalizan toda clase de categorías y abstracciones entre derechos formales y cartas de buenas intenciones que constituyen parte de la retórica burguesa con fines de persuasión.

Ficciones de libre albedrío como la libertad formal de vender la fuerza de trabajo niegan la ineludible necesidad transformada en imposición a la clase obrera para no morir de hambre, y donde las posibilidades de negociar las condiciones laborales estarán limitadas no solo por el ejército de reserva en su rol como termómetro de los salarios, sino también por la capacidad de organización y de luchas colectivas.

En la sociedad capitalista en la que el proletario se mueve como sujeto que dispone de su fuerza de trabajo como mercancía, la relación económica de explotación está jurídicamente mediatizada bajo la forma del contrato.Pashukanis

Un contenido jurídico cuya esencia es la desigualdad real, clasismo y una tangible ideología enmascarada con mitos de supuesto respeto a la dignidad de la persona, igualdad ante la ley, independencia del poder judicial, asepsia ideológica y el proclamado impersonal “Estado somos todos”. Este último con pretendidas ilusiones de voluntad general que se eleva por sobre la lucha de clases para defender el bien común.

Pashukanis nos enseña que la idea de sociedad en su conjunto sin contradicciones de clases no existe más que en la imaginación de los juristas como deformaciones conscientes o inconscientes de la realidad. El Estado es producto y consecuencia de los intereses irreconciliables que presentan las sociedades divididas en clases sociales, y en cualquiera de sus formas es un instrumento de dominación de clase.

La justificación contractualista del Estado mediante un contrato social “voluntario” niega el carácter de clase que privilegia los intereses de la burguesía y lo fundamenta mediante excusas de seguridad (Hobbes) y defensa de la propiedad (Locke). Se siembra además el temor de que ante la ausencia del aparato estatal solo reine el caos del estado de naturaleza donde el “hombre es lobo del hombre” cuando en realidad el verdadero lobo no es otro que el Estado mismo.

La burguesía, en efecto, no ha perdido nunca de vista, en nombre de la pureza teórica, el otro aspecto de la cuestión; a saber, que la sociedad de clases no es solamente un mercado donde se encuentran poseedores de mercancías independientes, sino también, al mismo tiempo, el campo de batalla de una guerra de clases encarnizada en la que el aparato del Estado representa un arma muy poderosa.Pashukanis

En rebeliones populares y situaciones potencialmente revolucionarias en que la madurez de la conciencia obrera altera la relación de fuerzas es cuando el Estado burgués muestra su verdadero rostro clasista e interviene en la lucha de clases haciendo un uso inescrupuloso de la violencia en todas sus formas, reforzando la cultura punitiva, la ideología de la cárcel y llevando a cabo persecución política estatal y paraestatal. Aparecen justificaciones de la represión basadas en la defensa de la patria, el orden social, la familia, valores religiosos, seguridad pública, propiedad privada, etc. Invocando una superioridad ética y una pretendida causa exculpante de “legítima defensa del Estado” se cometen masacres estatales que arrasan cualquier garantía y racionalidad.

La ineficacia para disimular el rol clasista que cumple el Estado durante esos períodos históricos radica en que las condiciones subjetivas de la clase obrera imposibilitan que la clase dominante pueda generar consenso mediante el oportunismo de hacerse eco de algunos reclamos sociales que en otras circunstancias les hubieran permitido disminuir la conflictividad y neutralizar movimientos revolucionarios. Se trata de esos momentos de ascenso obrero en donde se cuestionan las raíces mismas del sistema con miras hacia una nueva sociedad.

Para ejemplificarlo podemos establecer una relación con lo sucedido en América latina en los años setentas con una clara agudización de la lucha de clases en un contexto internacional de guerra fría donde la hegemonía se disputaba entre el capitalismo y el comunismo como modelos irreconciliables y expresión de intereses de clases sociales opuestas.

La respuesta de la burguesía, particularmente el imperialismo yankee, fueron dictaduras coordinadas en todo el cono sur con planes sistemáticos de aniquilación bajo lo que se conoció como plan Cóndor con la dirección de EEUU. Con la finalidad de implementar modelos económicos neoliberales y modificar el tejido social recurrieron a una violencia extrema que siguió los lineamientos de la doctrina contrarrevolucionaria francesa. En Argentina, incluso antes de la dictadura funcionaban bandas fascistas paraestatales como la triple A (Alianza Anticomunista Argentina) creada por Juan Domingo Perón.

Lo sucedido en las dictaduras no puede explicarse con simples hipótesis de barbarie irracional desconectada de la lucha de clases. En el marco de un genocidio de clase a nivel continental y en forma minuciosamente planificada se buscó reorganizar las relaciones sociales hegemónicas para conseguir transformaciones culturales que fueron mucho más allá del aniquilamiento físico, y cuyas consecuencias en cuanto a rompimiento de lazos, conciencia y solidaridad sobreviven hasta nuestros días.

La conocida frase de que la historia la escriben los que ganan es una interesante expresión que se desprende de las tesis de Walter Benjamin. Y que podemos aplicarla a los discursos historiográficos de los sectores más reaccionarios de la sociedad que aun hoy cuestionan el número de desaparecidos para negar o relativizar el genocidio de clase. En un tétrico sentido literal y figurado se roban hasta los muertos al contar su versión de la historia. Y como diría Feierstein, cuando discuten sobre la cantidad de desaparecidos "se transforma así en una cosificación del exterminio, un modo de cosificación de la muerte y de deshumanización de cada uno de los sujetos aniquilados".

La lucha inclaudicable de organismos de derechos humanos ha conseguido en Argentina la inconstitucionalidad de las leyes de impunidad que beneficiaban a los perpetradores materiales del genocidio. Pero la reapertura de los juicios no ha logrado alcanzar más que unos pocos civiles y la mayoría de los condenados gozan de prisiones domiciliarias que nadie controla.

En el plano judicial desde concepciones positivistas carentes de toda interdisciplinariedad la justicia burguesa, salvo excepciones, se ha negado a reconocer el genocidio alegando una interpretación literal del art. 6 del estatuto de Roma y haciendo mención a que los grupos “políticos” no estaban incluidos.

Art. 6 del Estatuto de Roma:
A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por "genocidio" cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:

a) Matanza de miembros del grupo;
b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Los testimonios en los juicios dejan en claro que cada uno de los incisos mencionados ocurrieron durante la dictadura pero aun asi los jueces han buscado vericuetos legales para condenar solo por crímenes de lesa humanidad a los imputados. Siendo unos pocos casos aislados en los que mediante una interpretación amplia de “grupo nacional” se dio lugar a la aplicación de la categoría de genocidio como contexto histórico.

El poder punitivo como expresión de la violencia estatal tiene una selectividad clasista y constituye una herramienta privilegiada de defensa de la estructura social. Se direcciona contra las masas empobrecidas susceptibles de poner en jaque el sistema vigente, así como también contra trabajadores organizados, estudiantes, militantes, excluídos y todo aquel que cumpla el rol de víctima propiciatoria o se adapte al estereotipo de enemigo.

La jurisdicción penal no es solamente una encarnación de la forma jurídica abstracta, sino también un arma inmediata en la lucha de clases. Cuanto más aguda y encarnizada se hace esta lucha, la dominación de clase tiene más dificultades para realizarse en el interior de la forma jurídica. En este caso el tribunal «imparcial» con sus garantías jurídicas es sustituido por una organización directa de la venganza de clase, cuyas acciones vienen guiadas exclusivamente por consideraciones políticas.Pashukanis

En ocasiones el despliegue de poder punitivo ocurre bajo el manto sagrado de la democracia burguesa donde el pueblo no delibera ni gobierna, y donde los intereses de las mayorías son pisoteados como ocurrió recientemente en la votación por la legalización del aborto, reforma previsional, presupuesto, etc.

Y en otros casos la violencia estatal transita por canales subterráneos bajo dictaduras con una combinación de fuerzas armadas, grupos empresariales y eclesiásticos, compartiendo responsabilidades en la práctica social del genocidio y generando masacres que dejan en evidencia el más aberrante carácter de clase del Estado burgués en los períodos más álgidos de la lucha de clases.

En uno u otro contexto las protestas sociales, movilizaciones, paros, tomas y huelgas se enfrentan frecuentemente a la represión y a la demonización en los medios masivos de comunicación que buscan desde una perspectiva bélica legitimar la inflación punitiva e incluso el gatillo fácil. El discurso del orden y la mano dura sirve de eslogan de campaña y aceita luego los mecanismos de persecución política y control social sobre los sectores que por su conciencia de clase y organización buscan la superación del capitalismo.

La criminalización primaria plasmada en la legislación con catálogos de delitos que buscan abarcar cada vez más conductas y franjas etarias, se combina con la criminalización secundaria ejercida por las fuerzas represivas que aplican una selectividad cargada de prejuicios fuertemente clasistas, xenófobos y estereotipados.

Brutales represiones en las fábricas, en las calles y en el congreso son una muestra de como la burguesía lleva adelante despidos, leyes antiobreras, saqueos y ajustes que implican el hambre de los trabajadores y la generación una mayor cantidad de excluídos del sistema. Todo esto a fuerza de balas, gas lacrimógeno, muertes, torturas e incluso desapariciones en propia democracia. Se afianza de este modo el aparato represivo y se ejerce un control social cada vez mayor que no escapa a ningún signo político de los partidos tradicionales de la burguesía como fue demostrado en la denuncia de proyecto X.

Encontramos jueces, fiscales y abogados que en democracia y en dictadura han sido cómplices de los ataques a la clase obrera, ya sea defendiendo a las patronales, rechazando un habeas corpus, negandose a reconocer el genocidio o judicializando conflictos obreros para perseguir e intimidar a los trabajadores que salen a luchar por sus derechos.

Los jueces son actores políticos aburguesados completamente desconectados de la realidad de las masas oprimidas. Son fieles lacayos de la burguesía que les concede privilegios y un trato diferenciado para fingir a cambio una supuesta imparcialidad e independencia de las cuales no se ve ni la sombra. La recompensa incluye una cuota de impunidad, intangibilidad de salario, beneficios impositivos, cargos vitalicios, jubilaciones de privilegio, etc.

Intentan sin éxito disimular su ideología burguesa y la afinidad política con los partidos que posibilitaron su ascenso o permanencia en la casta judicial. Un ejemplo de lo mencionado anteriormente pudiera ser el de Rosenkrantz a quien se lo intentó nombrar juez por medio de un decreto y que llegó a presidente de la corte suprema luego de pronunciarse a favor del 2x1 que beneficiaba a los genocidas. Innegable afinidad con el macrismo cuyos voceros oscilan entre el negacionismo y la teoría de los dos demonios.

En el contexto actual y frente a todas las adversidades será indispensable en el rol de abogados, pero especialmente de revolucionarios, acompañar y dar pelea por la defensa de los derechos de los trabajadores. Denunciando y desenmascarando a los cómplices del sistema que defienden intereses contrarios a los de la clase obrera y procurando que cada intervención, incluso en el ámbito judicial, colabore a elevar el grado de conciencia de los oprimidos e incitar al movimiento de masas.

Sin embargo, hay que tomar nota de que el derecho no es una herramienta revolucionaria ni tampoco puede llegar a serlo, y que la abogacía es una profesión liberal que difícilmente pueda ser ejercida sin disfrazarse de socialdemócrata. Cuando se invocan constituciones, tratados, principios y garantías, hay una subordinación tácita a la ilusión de que el derecho resuelve conflictos o mínimamente de que se puede utilizar el derecho burgués contra la burguesía para atenuar o suavizar situaciones que afectan a los trabajadores. Esto podrá ser asi en casos aislados donde se consiga una reincorporación, un amparo colectivo, o un precedente jurisprudencial favorable, pero nada de eso habilita a una romantización de la abogacía.

Las formas de la conciencia burguesa no se dejarán suprimir únicamente por una crítica ideológica, porque ellas constituyen un todo único con las relaciones materiales que expresan. La única vía para disipar estas apariencias convertidas en realidad es la de la abolición práctica de estas relaciones, es decir, la lucha revolucionaría del proletariado, la realización del socialismo.Pashukanis

Sería contraproducente desde una óptica marxista asignarle al derecho una función revolucionaria que en realidad no tiene. Es decir, atribuirle la posibilidad de una transformación social que resuelva cuestiones de fondo que están más allá del plano jurídico meramente superestructural. En este sentido será mejor tener los ojos abiertos respecto a sus limitaciones aunque eso implique cierto grado de desmoralización. De lo contrario se podría ser víctima de una idealización ingenua que tenga por consecuencia una práctica aprisionada dentro de los márgenes de las instituciones burguesas.

Sin estas últimas precauciones podríamos oscilar sin brújula entre dos infantilismos. Por un lado el de abstenerse de ejercer la profesión para ayudar a los obreros en el marco de la sociedad actual. Y por otro, el infantil aventurerismo que sobrevalora las posibilidades de transformación desde el plano jurídico dando lugar a la posible interiorización de una práctica adaptacionista que conlleva el riesgo de hacer perder la perspectiva clasista y revolucionaria.

A continuación encontraran libros, artículos y ensayos. Si te interesa leer más sobre marxismo y derecho podes consultar la nota: Garantías en el derecho penal burgués.





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LIBROS


Marx - Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel

Marx - La sagrada familia.

Marx - Contribución a la crítica de la economía política.

Marx - Crítica al programa de Gotha.

Lenin - El Estado y la revolución.

Foucault - La verdad y las formas jurídicas.

Foucault - Vigilar y castigar.

Alessandro Baratta - Criminología crítica y crítica del derecho penal.

Bergalli, Bustos, Miralles - El pensamiento criminológico 1

Bergalli, Bustos, Miralles - El pensamiento criminológico 2

Larrauri - La herencia de la criminología crítica.

Dario Melossi - El Estado del control social.

Melossi y Pavarini - Cárcel y Fábrica | Versión 2.

Massimo Pavarini - Control y dominación. Teorías criminológicas burguesas.

Pashukanis - Teoría general del Derecho y Marxismo. (Original)

Pashukanis - Teoría general del Derecho y Marxismo. (Proletarios)

Stucka - Función revolucionaria del derecho y del Estado.

Rusche y Kirchheimer - Pena y estructura social.

Taylor, Walton, Young - La nueva criminología.

Pitrola-Zaffaroni: Debate criminalización protesta social.

Varios - Criminología crítica y control social.

Wacquant - Cárceles de la miseria.

Duncan Kennedy - Izquierda y Derecho.

Hans Kelsen - Teoría comunista del derecho. (Cap. 1)

Zaffaroni - Derecho penal militar.

Zaffaroni - Derecho penal militar. (Proletarios)




ABOLICIONISMO


Cohen, Hulsman, Christie, Otros - Abolicionismo Penal.

Louk Hulsman - El enfoque abolicionista.

Nils Christie - Los límites del dolor.

Nils Christie - Una sensata cantidad de delito.

Thomas Mathiesen - Juicio a la prisión.

Thomas Mathiesen - ¿La abolición un sueño imposible?

Angela Davis - Democracia de la abolición.

Elena Larrauri - Abolicionismo y garantismo.

Louk Hulsman: ¿Qué queda de los abolicionismos?

Massimo Pavarini - Castigar al enemigo.

Maximiliano Postay - Abolicionismo penal en América latina.




ENSAYOS, ARTÍCULOS.


Cinatti y Albamonte - Trotsky y la Democracia Soviética. Más allá de la democracia liberal y el totalitarismo.

Escamilla - El concepto político del Derecho en Manifiesto Comunista.

Escamilla - Marx y el Derecho.

Ferrajoli y Zolo - Marxismo y Cuestión Criminal.

Gargarella y Maiello - Derecho penal y lucha de clases.

Gargarella y Maiello - Crimen y Castigo 1

Gargarella y Maiello - Crimen y Castigo 2

Gargarella - Justicia, Castigo y Cárcel.

Guerrero - Sobre la crítica de Poulantzas a Pashukanis y Stucka.

Iñaki - Derecho burgués y derecho socialista antes del comunismo.

Karl Marx - Capital Punishment (traducido)

Friedrich Engels - Socialismo de juristas.

Ensayos Críticos - El género en el derecho.

Las fisuras del patriarcado. Feminismo y Derecho.

Larrauri - Criminología crítica y violencia de género.

Larrauri - Sobre crítica de la criminología crítica y Baratta.

León Trotsky - El Derecho de las naciones a la autodeterminación.

Melossi - La cuestión penal en el capital.

Peillard - Huellas de la criminología en Bustos.

Poulantzas - Marx y el derecho moderno.

Prado - Dos concepciones del castigo en torno a Marx.

Rovelli - Marx y el robo de leña: Acumulación por desposesión y bienes comunes.

Sanchez Vazquez - Prólogo del libro de Pashukanis.

Vegh Weis - El hurto de la leña en Marx y la usurpación de tierras hoy.

Vegh Weis - Sistema penal durante el primer peronismo.

Vegh Weis - Sobre la cuestion judia de Karl Marx.

Vegh Weis - Un abordaje marxista de las teorías de la pena.





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